
Desde muy chica amé los libros y lo que podían despertar en mí. La fantasía fue mi refugio, mi fuego sagrado — ese lugar donde todo lo imposible podía tener forma y sentido. Donde las reglas del mundo real no aplicaban, donde cualquier cosa podía ocurrir si alguien se animaba a imaginarlo.
Siempre fui una lectora apasionada. Pero durante mucho tiempo no imaginé que yo también podía escribir. Que esos mundos que otros construían con palabras podían ser míos también. Que tenía algo para contar y una forma propia de contarlo.
Hasta que llegó un momento muy extraño en mi vida — cuando todo se desordenó, cuando el caos se volvió total y las certezas desaparecieron una por una. En ese momento, en lugar de esperar a que todo se acomodara, tomé una decisión inesperada: empezar a crear mi propio mundo fantástico.
A veces el peor momento se vuelve el mejor punto de partida. A veces esperar el momento perfecto solo retrasa el verdadero viaje. Y yo aprendí eso de la manera más directa posible — descubriendo que la escritura no necesita condiciones ideales para florecer. Necesita decisión. Necesita que te sientes y empieces, aunque todo alrededor esté en llamas.
Como alguna vez cantó Cerati: "Sacar belleza de este caos es virtud". Y yo creo que escribir fantasía es justamente eso — transformar el desorden en universo, el dolor en símbolo, el deseo en mapa. Tomar todo lo que duele, todo lo que confunde, todo lo que no tiene respuesta, y convertirlo en algo que alguien más pueda sostener entre las manos y reconocerse en ello.
Mi primer paso fue soñar con una historia que se expandía sola, como si ya existiera antes que yo y simplemente estuviera esperando que la encontrara. Pero lo más importante no fue el destino final — fue todo lo que apareció en el camino. Las ideas que llegaban cuando menos las esperaba, los personajes que cobraban vida propia, los símbolos que se repetían sin que yo los buscara, las personas que me acompañaron sin saber del todo lo que estaban acompañando.
Escribir no es solo inventar. Es también abrir una puerta para que otres entren y se reconozcan. Es decir "esto que sentí, esto que viví, esto que imaginé" — y descubrir que del otro lado hay alguien que asiente y dice "yo también".
Hoy comparto acá ese viaje. No como un camino terminado, sino como uno que sigue — palabra tras palabra, libro tras libro, mundo tras mundo.
Si alguna vez creíste que eso que te apasiona era imposible… tal vez ahí empieza tu propia magia.
Si también estás en ese momento donde todo se desordenó y sentís que escribir es lo que necesitás — o simplemente querés empezar a crear tu propia historia — en el curso La Orden del Escriba te acompaño en ese camino, paso a paso.
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